miércoles, 12 de julio de 2017

Los tenistas de más de 30 dominan la ATP y la WTA. Fuente: elpais.com

El 16 de abril de 2003 Albert Costa jugó su partido “más increíble”. Era la segunda ronda de Montecarlo, Costa venía de ganar Roland Garros el año anterior y, con 26 años, era el número 7 del mundo. Su rival aquel día era un joven de 16 años que solo había jugado tres partidos en el circuito profesional: Rafael Nadal. “No será para tanto”, pensó Costa. Nadal ganó en dos sets. Cuando se fueron a saludar a la red, Costa dijo en catalán a Nadal: “Suerte”. Nadal, aún concentrado y sin mirarle, le respondió: “Gracias”. Era el primer top 10 que Nadal ganaba en su carrera.Costa se retiró tres años después, sin ganar ningún otro título y antes de cumplir 31 años. Nadal, con 31 años, acaba de ganar un Grand Slam y estaba entre los favoritos en Wimbledon. La diferencia entre las carreras de Costa y Nadal no se limita a quién es mejor: es un ejemplo de que los tenistas alargan más su vida deportiva. Este año juegan en Wimbledon 6 de los 8 cuartofinalistas de 2007. En 2007 solo jugaron 2 de los 8 cuartofinalistas de 1997.
Los veteranos sorprenden porque son muchos, pero también por su nivel. Tres de los cuartofinalistas de 2007 son máximos favoritos también este año: Roger Federer, Novak Djokovic y Nadal. Los tres tienen más de 30 años. Pero la tendencia no se debe solamente a la persistencia de estos tres. Es general en mujeres y hombres: la edad media de los 100 primeros de los ránkings WTA y ATP lleva aumentando desde finales de los 80. En 2003 había 10 jugadores con más de 30 años entre los 100 mejores; hoy hay 41. Entre los de arriba, la edad también ha aumentado: las 5 mejores tenistas del mundo tenían 21,9 años de media en 2007; hoy tienen 27,8. Con los hombres, aún es más claro: los cinco mejores tienen más de 30 años. No hay precedentes en toda la era Open. Hubo momentos con tres casos, en 2015, 2016 y 1974, pero nunca con cinco. La media de edad del top 5 masculino ha pasado de los 23,6 años en 2007 a casi 32 hoy.

El tenis es el deporte con un envejecimiento de su élite más fácil de ver, pero no es el único. Los campeones mundiales y olímpicos de natación son cada vez mayores: entre los tres Juegos de los 80 solo hubo 2 nadadoras medallistas de 24 años o más, mientras que solo en 2012 hubo 20. La última final de la Champions entre Real Madrid y Juventus fue el cruce de Champions más viejo de la historia, rozando los 30 años. Cristiano Ronaldo y Leo Messi son los futbolistas mejor pagados del planeta y tienen contratos con sus clubes hasta los 36 y 34 años. Simone Biles ganó el oro olímpico en gimnasia con 19 años, la más mayor en 28 años.
La tecnología, los materiales, la dieta, la preparación, la prevención de lesiones, el dinero, el staff son algunos factores que han alargado las carreras de los mejores del mundo. Aunque cada deporte es distinto, entrenadores, deportistas y científicos coinciden en que estos son los motivos principales.
 El físico explosivo cuenta menos. En el tenis, el juego ha cambiado por la tecnología. Unas raquetas y cordajes que dan más control y el cambio de superficies han eliminado el dominio del servicio y volea: “Las pistas rápidas de antes eran ultrarápidas. Incluso la hierba de Wimbledon era diferente. Era hielo. Ahora el bote se clava y salta. Pete Sampras habría sacado igual de bien antes que ahora, pero hoy hubiera sufrido el doble porque las pistas son más rugosas”, dice Vicente Calvo, ex preparador físico del tenista Fernando Verdasco.
Estos cambios han acabado modificando el rendimiento por edad: los puntos y los partidos son más largos, según Stephanie Kovalchik, investigadora especializada en tenis en la Universidad Victoria de Melbourne (Australia): “El cambio del estilo de juego hacia más resistencia está relacionado con el cambio en la edad ideal. La capacidad de resistencia humana culmina al final de los 20 años o principios de los 30, como los corredores de medio fondo. En el pasado, los tenistas optaban por potencia y velocidad, cuando servicio y volea era popular, y eso favorecía a los jugadores jóvenes, incluso adolescentes”, dice. El tenis actual privilegia virtudes de tenistas mayores, como la resistencia o la inteligencia para ir preparando el punto. 
La ciencia alarga la vida de los deportistas. Ivo Karlovic es el jugador más veterano del top 100 —número 23 de la ATP con 38 años- y sabe por qué sigue jugando: “Siempre creí que me retiraría a los 30 años. Pero empecé a prestar atención al entreno físico y a la dieta y a muchas otras cosas. Por eso sigo jugando”. Ahora un profesional puede poner el cuerpo en frío para recuperar y saber sus pulsaciones en todo momento. Todo se personaliza. La capacidad, los músculos, la altura, la técnica, los gestos, cada detalle enriquece la competitividad del jugador. “Antes era una caja negra. Tu metías la carga y no sabías qué iba a salir”, dice Pedro Emilio Alcaraz, director del Centro de investigación de Alto Rendimiento de la UCAM. La carga son las horas de entreno, los sprints, los kilómetros recorridos, la intensidad, cómo se recupera entre sesiones, mientras duerme o entre temporadas. Conocer esos datos da a cada deportista una preparación propia.
Los técnicos saben por ejemplo la potencia muscular de los isquiotibiales de un jugador en la pretemporada y pueden regular sus sobrecargas durante el año. El sobreuso de los músculos los envejece y su reposo es clave. “Los deportistas mayores pueden incluso entrenar menos”, dice Mujika. “Se benefician de una mejor técnica, conocimiento de su deporte, efectos residuales del entrenamiento acumulado”, añade.
Este perfeccionismo ha hecho que los adolescentes necesiten más tiempo antes de alcanzar la excelencia física. Deportes como el tenis se han hecho más físicos —los disputan hombres y mujeres que son atletas—, y es más difícil para los jugadores jóvenes, que todavía están desarrollando su cuerpo, ser competitivos. Además ahora se desaconseja que los atletas se especialicen muy pronto: “Las exigencias con los deportistas jóvenes les pone presión añadida para que se especialicen pronto y refuercen su estado de forma. Esto tiende a resultar en el riesgo de ‘quemarse’ y de lesiones por sobreuso”, dice Avery Faigenbaum, catedrático de Ciencia Pediátrica del Ejercicio en el College de Nueva Jersey. 
El dinero ha llegado de verdad. En la época de Emilio
Sánchez Vicario, recuerda Pepo Clavet, entrenador de Feliciano López, “era raro el jugador que podía ermitirse tener entrenador propio”. En 1999, cuando empezó a jugar Juan Carlos Ferrero, el único que viajaba con él a todos los torneos era su entrenador, Antonio Martínez Cascales. Así fue durante buena parte de su carrera. Ferrero se retiró en 2012. Ahora quizá sería distinto, dice Cascales: “Los jugadores han ido añadiendo personas a su comitiva. Ahora el preparador y el fisio sí van. Si Ferrero estuviera en activo probablemente viajaría también con ellos”. La comitiva puede extenderse lo que sea necesario: “Tienen preparador físico, fisio, dietista, muchos tienen psicólogo”, dice Clavet.
El tenis es un deporte caro. Hay mucho viaje y llevar equipos extensos y buenos no es para jugadores con pocos ingresos, ni jóvenes. El campeón de Wimbledon en 2007 —el primer año en que los campeones másculino y femenino ingresaron lo mismo— ganaba 700.000 libras. Este año se llevará el triple: 2,2 millones. El dinero da ventaja competitiva. También es un incentivo para mantenerse jugando. Cascales recuerda la conversación reciente con un jugador español del top 50, que le decía: “¿Para qué me voy a retirar si gano 2 millones al año?”
La irrupción del dinero en deportes menos de masas —como natación— conlleva más cambios. Un nadador olímpico apenas tiene recursos fuera de los preparativos para los Juegos: “Antes nadabas hasta los 20 años y luego te tenías que ir a la universidad. En España es difícil seguir nadando y estudiando”, dice Iñigo Mujika, fisiólogo de la Federación Española de Natación para Londres 2012, con Mireia Belmonte al frente. “Cualquier deportista como Mireia que hubiera tenido éxito en dos Juegos, lo habitual en natación era que desapareciera. Sin embargo, al día siguiente de Río Mireia dijo que quería seguir e incluso hacerlo mejor en Tokio”, añade Mujika. Una de sus rivales principales, la húngara Katinka Hosszu, que ganó 3 oros y una plata en Río, en los cuartos Juegos que participaba, también ha dicho que quiere mejorar en Tokio. Hosszu tendrá 31 años; Belmonte, 29. 
La prevención de lesiones alarga la vida de los jugadores. “Si al deportista se le da la dosis que necesita y no se sobreentrena, va a durar más. En el desarrollo físico, si se hace bien, no hay un declive con la edad”, dice Alcaraz. Las lesiones provocan parones, lo que implica menos movimiento. Un cuerpo de más edad que se mueve menos tiende a quedar más perjudicado. Si en cambio las lesiones se previenen, el ritmo del deportista no cesa: “Los deportistas jóvenes tenían algo de ventaja física, pero como los mayores no paran por lesiones y van bien dosificados, tienen ese plus de experiencia y van a ganarles”, dice Alcaraz.
En los deportes de equipo es más difícil ver los cambios de la edad. En los equipos con más apariciones en los cruces de Champions, se ve un cierto envejecimiento. Pero en la NBA la edad de sus jugadores se mantiene constante en torno a los 26,5 años desde 2006, incluso para sus estrellas. En el golf, en cambio, la tendencia es al revés: la edad media de los 40 mejores ha bajado de 35 años en 2001 a 32 en 2016.
¿El techo del rendimiento puede estar más arriba? El deporte sigue evolucionando. No sabemos aún con certeza si la capacidad técnica de un deportista que lleve años al máximo nivel y bien preparado puede darle hegemonía. La mayor parte de las edades de máximo rendimiento en determinados deportes están por debajo de las edades en las que las capacidades humanas suelen rendir al máximo. Parece que hay margen de perfeccionamiento. “Esto sugiere que las mejoras en tecnología, el dinero y la ciencia del deporte seguirán beneficiando a atletas de élite, que les será posible tener carreras como deportistas profesionales, y las edades de máximo rendimiento van a seguir creciendo”, dice Sian Allen, directora de rendimiento de los atletas paralímpicos de Nueva Zelanda, que añade que el techo puede estar aún lejos: “Mi teoría es que esta tendencia puede llevarnos a un incremento de los estándares de rendimiento porque tendremos a más deportistas compitiendo al verdadero pico de su potencial humano”.


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